el caballo no despierta aún mojada en el carrusel, aún con mi pelvis desnuda y mis piernas duras
alineadas al horizonte, aún con mi ferviente asir dañino a su cuello.
el caballo no despierta si lo beso, si lo insulto al oído, si me enfermo.
el caballo no despierta.
el caballo no despierta quieto ni con miedo, ni en carrera.
el caballo es una máquina enfadada, tiesa en el silencio que acompaña a Sísifo y engendra
los cinismos de Camus
quién nos mira reír vulgar en el Café Müller sobre un caballo que da vueltas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario